miércoles, 13 de junio de 2012

Acusador vs Superrazonable


Charlie Salt: ¿No cree prudente cerrar la puerta? Afuera hace mucho frío y podríamos enfermarnos.

Carmencita: No, estos señores que hacen el aseo siempre dejan todo mal. Siempre les digo que hagan las cosas bien. ¡No puede ser!

Charlie Salt: Bueno, tal vez si dejo la puerta entreabierta no habrá problema.

Carmencita: Eso ni pensarlo. Así nunca puedo escuchar nada. Nunca puedo escuchar si allá afuera están hablando mal de mí. Seguramente estarán despotricando sobre mi persona.

Charlie Salt: Entonces lo más conveniente, para esta situación precaria y advenediza, será dejar la puerta tal como estaba…

Carmencita: No creo que sea lo más conveniente. Siempre tengo que hacer las cosas yo misma, para que salgan bien. Todos están mal. Bueno, ¿qué se puede hacer? ¡Nada! Comenzaré con la entrevista, porque de seguro, mis “compañeras” han de estar viboreándome como es su costumbre. Licenciado Charlie: ¿Qué opina sobre las acciones ilegales de su partido, no cree que eso es un retroceso en democracia?

Charlie Salt: Eso es política ficción.

Carmencita: Eso no contesta mi pregunta. ¿Podría ser más claro?

Charlie Salt: Los sindicatos han coadyuvado a que el Sistema arraigue en el campo electoral. Podemos ver las deficiencias de los partidos que no han seguido el ideal revolucionario, de suyo han claudicado en sí mismos…

Carmencita: Por lo visto usted no quiere explicarme el caso de desvío de fondos de su partido. ¿Qué pasó con los treinta millones de pesos, destinados a educación?

Charlie Salt: Política ficción, política ficción, política ficción…

Carmencita: Usted logrará que hoy salga más tarde que de costumbre. Jaime, ven por favor. Hoy te quedarás ayudándome a redactar este artículo. No te pagaré horas extra. ¿Estás de acuerdo?

Jaime X: Sí señora.

Carmencita: Recuerda imprimir las páginas de mi borrador para poder corregirlas. Debes ser más cuidadoso. La última vez las páginas estaban muy borrosas. Debes entregar un buen trabajo, no importa si lo tienes que volver a elaborar.

Jaime X: Sí señora, está bien.

viernes, 13 de enero de 2012

Frankenstein

   En esta novela de terror, el señor Victor Frankenstein, un estudiante de Física y Química, empieza por adentrarse en el estudio de autores clásicos como Paracelsus, entre otros. Su sed cognoscitiva es bastante profunda: quiere saber los secretos más recónditos de la Naturaleza, exprimir sus leyes. Se interesa por la Biología, sobre todo en los procesos vitales, por la vida en sí.

Convertido en autodidacta, logra avances en las leyes de la vida. Es curioso que en esta novela sea un físico quien se dedique a descifrar los secretos vitales. La vida para Frankenstein connota sólo procesos físico-químicos de la materia, sea ésta animada o inanimada. Experimenta con pobres animales, robándoles la vida. Después de varios experimentos de ensayo y error (como cualquier ciencia objetual) consigue dar vida a materia inanimada. Cabe destacar que Frankenstein no crea vida; él admite haber quitado vida a los animales y comunicarla a cualquier objeto, lo cual sería imposible, hablando en términos metafísicos. Aristóteles decía que el vivir, es el ser de los vivientes.

Una idea surge: ¿Por qué no dotar de vida cuerpos "privados" de la misma? Mejor aún: Crear un nuevo hombre con partes extraídas de varios cadaveres. Lo cual es factible si la vida se reduce a procesos físico químicos, es decir, materialidad.

Frankenstein lleva a cabo semejante idea. El resultado es un hombre corpulento, dos metros con cuarenta centímetros de altura, fuerza sobrehumana; por cierto, a diferencia de muchas películas "jolivudeñas", este hombre posee un coeficiente intelectual bastante elevado, incluso superior a su creador. Las bajas temperaturas y la escasez de alimento no son problema para semejante ser. Puede moverse con agilidad extraordinaria y escalar montañas como un ejecutivo subir peldaños.

Pese a capacidades increíbles, dicha creación muestra un defecto poco favorecedor, a saber; es bastante feo. Sus intenciones son puramente sociales; el rechazo de las personas no espera. Termina por odiar a los hombres, incluso a su propio creador. Asesina  personas muy cercanas a Frankenstein...

Sin duda el papel de la bioética hubiese jugado un papel fundamental en esta historia: éticamente jamás será viable experimentar semejantes quimeras. Socialmente la discriminación es una vergüenza que tiene eco en este cuento. A muchas personas se les ha tachado de "monstruos" sin conocerlas.

La sed por saber puede llevarnos a perder el rumbo en nuestras acciones. El fin nunca justificará los medios. En el caso de Frankenstein, la finalidad era solo demostrar que podía hacerlo. Las leyes de la Naturaleza no son absolutas. No todo lo técnicamente posible, es moralemente factible.

Medio pan y un libro.

Medio pan y un libro.


Medio pan y un libro.
Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931:

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

"Por eso no tengo nunca un libro. porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aqui honrado
y contento de inaugurar esta Biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

"No sólo de pan vive el hombre.
Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
"¡Libros! ¡Libros!
Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".



--Manuel Ramos Desde Mi iPad

viernes, 16 de diciembre de 2011

Navidad Franciscana

Capítulo CLI.

La devoción a la navidad del Señor y cómo quería que se atendiera a todos en esa fiesta.
199.  Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. Y era este nombre para él como miel y panal en la boca.

Una vez que se hablaba en colación de la prohibición de comer carne en navidad, por caer esta fiesta en viernes, le rebatió al hermano Morico: “Hermano, pecas al llamar día de Venus al día en que nos ha nacido el Niño. Quiero- añadió- que en ese día hasta las paredes coman carne; y ya que no pueden, que a lo menos sean untadas por fuera”.

200. Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. “Si llegare a hablar con el emperador- dijo-, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia”. No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla. Así, sucedió una vez que, al sentarse a comer, un hermano recuerda la pobreza de la bienaventurada Virgen y hace consideraciones sobre la falta de todo lo necesario en Cristo, su Hijo. Se levanta al momento de la mesa, no cesan los sollozos doloridos, y, bañado en lágrimas, termina de comer el pan sentado sobre la desnuda tierra. De ahí que afirmase que esta virtud es virtud regia, pues ha brillado con tales resplandores en el Rey y en la Reina. Y que a los hermanos- reunidos en capítulo- que le pedían su parecer acerca de la virtud que le hace a uno más amigo de Cristo respondiese- como confiando un secreto del corazón-: “Sabed, hijos, que la pobreza es camino especial de salvación, de frutos muy variados, bien conocidos por pocos”.
Tomás de Celano, Vida Segunda, BAC, Madrid, 2000.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Navidad en las Posadas.

¿Quién que ha nacido cristiano y que ha oído renovar cada año, en su infancia, la poética leyenda del nacimiento de Jesús, no siente en semejante noche avivarse los más tiernos recuerdos de los primeros días de la vida?
Ignacio Manuel Altamirano, Navidad en las Montañas.

La Navidad es pretexto para un interminable desfile de tradiciones, con diversos matices. No faltan los políticos que proclamen un Estado laico en educación y legislación; en todo, excepto la Navidad. Cobran jugosos aguinaldos, viajan a lugares desconocidos para los simples mortales, en fin cuando de celebrar se trata, es válido hasta caer en contradicción. Ofrecen el pan del materialismo y del progreso (Cfr., Jesús de Nazareth de Benedicto XVI). Un verdadero circo es la política.

La Navidad se ha converido en un producto más de consumo. San Nicolás, obispo de la Iglesia católica, repartía regalos a los niños pobres de su comunidad, no sólo juguetes; también lo necesario para socorrerlos en sus necesidades. San Nicolás (el de nuestra iconografía) viste de verde y como obispo, eso sí, con una larga barba blanca, sin la panza característica de los bebedores de refrescos. La mirada de los niños se ha fijado en los regalos que recibirán; con los ojos vendados a todo gesto de caridad en la figura paradigmática de este santo.

Si preguntáramos a cualquier persona qué celebramos el 25 de diciembre; estoy tristemente seguro que dirían cualquier disparate relacionado con los regalos y el consumo. Porque es el reflejo de una humanidad en busca del sin sentido.

Las noticias nos abruman con violencia, corrupción y mentiras. El país adolece de Buenas Nuevas. Estamos en la tercera semana de Adviento, la semana de la alegría. La alegría de la llegada jamás podrá desplazarse, si está cimentada en los corazones. Debemos fincar nuestra alegría en lo permanente; la materialidad se devora a sí misma. Hay más razones para estar alegres. En la tempestad también será recibida una sonrisa.

El mundo guarda una esperanza, misteriosa y obscura, si se mira desde el interior. Si miramos desde fuera, veremos que el sentido de este mundo no está dentro. ¿Para qué? Si todo lo que vemos sometido está, caprichos del tiempo, un fluir esclavo de sí.

Esta celebración de cumpleaños (¡dos mil once primaveras y contando!) ha sido pretexto para comer y beber hasta la estupida embriaguez, cuando la catarsis estomacal aparezca. No tendrá nada poético ver personas con vientres mayores que un sileno en apogeo; alimentando el cuerpo en sobre abundancia, mientras el espiritu permanecerá desnutrido, privado de suculentos manjares. No sólo de pan vive el hombre...

Época de reflexión es el privilegio brindado para encontrarnos. ¿Por qué Ser y no bien, la Nada? ¿Puede el todo radicar en algo tan insignificante como lo es el hombre? Tales cuestiones pueden tener las más variadas y complejas respuestas. Sin embargo, hasta no experimentar en "carne propia" no gozaremos del misterio.





miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cinco Minutos

El tiempo se compone de una constante e ininterrumpida sucesión de instantes. Objetivamente ningún instante parece tener más jerarquía frente a los demás; por otro lado los símbolos cargados de cotidianeidad dicen lo contrario. Cada instante simboliza un estado de ánimo, una aspiración por algo más. La vida en sí misma tiene un sentido oculto bajo las entrañas del tiempo, indescifrable. La música busca capturar afanosamente los instantes más sublimes. Eternizar lo efímero con melodías impregnadas de permanencia, de vida. Cada nota representa un latido, un anhelo por prolongar los instantes hasta más no poder. ¿Por qué dar voz a los ruidos que retumban en nuestra cultura, extinguiendo las melodías que nacen del silencio? Hay voces que no pueden ser escuchadas por el simple hecho de haberse apagado, sin embargo cuánto nos dicen con su silencio, sonidos jamás tocados. Mi propósito es precisamente rescatar esas notas. Al sonar el despertador digo: cinco minutos más. He ahí una de las expresiones más profundas del ser, aunque sea dicho casi de forma inconsciente.
Desde el resguardo dispuesto por la esfera creada por el más solitario ego, veo cientos de hormigas, sólo viven para el trabajo. La vida cotidiana los ha esclavizado. El tiempo subjetivo se apoderó de sus almas. Sólo la muerte podrá liberarlos de tan penosas jornadas. Se han tornado agonía, no vocación. ¡Qué buena es la vida del hombre, pero qué alejado está el hombre de la vida! (Gibrán Kalil Gibrán). Buscamos desesperadamente prolongar el olvido de la muerte, o de la brevedad de la vida, terminando por angustiarnos. Quiero gritar con gozo: ¡No soy hormiga!
Detrás del escenario no hay nada, exclaman con orgullo, sin embargo no pueden explicar por qué hay escenario. Si alguien pregunta por la presencia del escenario (no se diga de la puesta en escena), responden llanamente que tal pregunta no tiene lugar, está mal planteada. No preguntamos por el ser del escenario, sino por algo más acorde: ¿Por qué hay un escenario? No podemos saber quién instaló el escenario junto con la obra hasta que la función se dé por terminada. La oscuridad en el fondo no nos permite ver al director; sin embargo al final de la obra siempre se presenta el director. Esto no podría suceder si el director no consintiera libremente a ello. Pocas son las personas realmente protagonistas de esta gran obra, la mayoría no pasan de espectadores, y de ésta, gran parte no lo sabe.
No obstante muy a pecho sienten la contingencia en cada instante; el recuerdo pervive aunque el tiempo pase. Sin importar cuánto empeño pongamos no podemos agregar ni un segundo a nuestra existencia. La ciencia progresa constantemente, la vida se detiene. Hay horizontes que marcan los límites de nuestra razón. Pero la luz más bella no podemos verla sin ser cegados. Es precisamente en nublado cuando realmente podemos apreciar tan noble luz. Las notas más altas no pueden ser percibidas por nuestros oídos. Por otra parte la más tenue luz y la más insignificante nota pasan desapercibidas. Así mismo el pensamiento más elevado, más allá del cual nada podemos pensar, está vedado a nuestra pura razón. Los mismos sentidos están limitados por lo captado. La razón vislumbra una sombra a lo lejos. No puede comprenderla. Esa tiniebla en realidad es luz. Nuestro conocimiento es limitado, imperfecto, pero perfectible y progresista. Dentro de los límites reales, dada nuestra condición humana, encontramos límites artificiales, impuestos por el mismo hombre, sin necesidad de ellos. ¿Por qué cortar las alas? El hombre puede llegar a alturas insospechadas de pensamiento, es cierto; pero el sol no puede taparse con un dedo. Subir el primer escalón significa conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo podré expresar algo coherente sobre la luz, si para ello necesitaría hacerme luz? Sólo podemos reflejar la luz u opacarla. Reflejamos la luz a través de nuestro ser. La opacamos cuando optamos por el camino del no ser. En cinco minutos puedo definir toda mi vida o perderla para siempre. Percibo algo de luz en mí ser. Mis éxitos junto a mis fracasos hablan de mí, pero no dicen quién soy. Mi cuerpo expresa mi ser, no lo define. Es el indicador sensible de una realidad mayor.
A veces concluyo que Platón tenía razón; todo lo demás es desviación. Este mundo está sumergido en apariencias. Da lo mismo si son inventos de la humana imaginación o son auténticas regidoras de nuestro devenir. El mundo está sujeto a la locura de su razón aparente. Hemos creado un mundo ajeno al hombre. El hombre ya no se siente parte del mundo, ni de sí mismo. Piensa que le pertenece; nada tan alejado de la realidad. No todas las personas son así, solamente quienes creen merecer los asientos principales en las mesas. Tenemos ojos y oídos, sin embargo no vemos ni escuchamos. Puedo estar sumergido en el error, creyendo estar en las cumbres del conocimiento. Tanto es el afán por ser alguien. Nos desconocemos, perdidos en la vorágine del conocimiento. Sin saber qué buscamos, siempre hayamos porque anteponemos falsos ídolos. No alcanzamos la meta debido a buscar rutas cortas, tan alejadas de nuestro sólido fin.
Sesenta instantes distribuidos en cinco suspiros bastan para dar término a este fugaz trabajo. La vida es una constante exhalación; cualquiera podría ser la última. Pero incluso el más leve descuido termina por hacernos ignorar la trama principal de la obra. Los argumentos bien sustentados pasan inmutables por nuestra mente cuando atendemos la manera en presentarlos. Con sólo leer detenida y atentamente el gran libro de la vida, podría entender la simple alegría, cum laude gaudio. No podemos evitar estar en el escenario, aunque sean breves las líneas. Me bastan cinco minutos para dejar huella firme en la arena. Tal vez alguien esté cerca y diga: Una persona ha pasado por aquí. ¿Acaso podré agradar a los espectadores con tan poco tiempo? Me contestan que depende de la calidad de mi actuación. Esperen un poco. Tengo un as bajo la manga. El telón solo ha bajado por trescientos segundos, en breve volverá a levantarse para el segundo acto. Algunos actores no lo verán. Lo seguro es que al final de la obra vendrá la ovación del público, hasta el rey aplaudirá. La esperanza del gran final nos mueve a pararnos frente a un público impredecible. ¡Tanto afán, esfuerzo, cansancio por sólo unos minutos en escena, los cuales no garantizan el buen desenlace de la obra! ¿Qué nos mueve a desenvolvernos ante un público en un escenario pasajero? No lo sé tan sólo soy uno de muchos actores que han pasado por este teatro de la vida. Estando en el escenario nada más puedo actuar; precisamente es lo mejor que sé hacer. Muchos personajes han desfilado por este escenario.
Algunos han dicho que lo representado en escena es una farsa, una simple distracción, la cual, al caer el telón no nos muestra nada más allá de los límites de su guión. Por otro lado, es gracioso saber el carácter representativo de las obras, reflejo más o menos fiel de realidades parecidas o con mayor riqueza. ¿De dónde toman las realidades en las que apoyan sus plumas?
Faltan sólo cinco minutos para entrar en escena. El miedo a la soledad nos arrastra. La esperanza sigue latente. El mundo es un amigo… en potencia. Requisito indispensable: la apertura integral ante nuestra realidad. Nunca será suficiente complacernos con los sobrantes de la vida. En nuestro interior resuena un clamor: La sed no puede saciarse en aguas poco profundas. Nuestra sed exige terminarnos el pozo entero, incluso más. En realidad existe un pozo capaz de saciarnos. La profundidad ha empezado ciertamente en nosotros, aunque no encuentra su fin a no ser fuera de sí. He ahí la esperanza de la humanidad. Es muy confortable permanecer en el resguardo seguro de nuestra intimidad. Es una huida que nos remite hacia lo más temido. Nuestro propio ser se muestra con temor.
Un gran amigo un día me comentó, lo que él pensaba como el mayor problema de la sociedad. Me dijo que el mundo no tiene esperanza. No la tiene porque las mismas personas han dejado en el olvido lo más esencial para su ser. Sin temor a equívocos, mi amigo estaba en lo cierto.
El telón finalmente bajará…
La obscuridad de la sala infunde la desesperanza.
Si aún puedo ver oscuridad, sin duda es porque la luz de mis ojos me lo permite. Mi poca luminosidad no basta.
El director me ha llamado a escena. Pronto dejaré de ser simple espectador y actuaré en la vida. ¿Qué papel me asignó? Un simple paje, un acaudalado, un pordiosero. No importa, ya que el director pronto verá mi actuación. Mi papel está enfocado totalmente en él. Por cinco minutos el escenario será todo mío.