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viernes, 9 de octubre de 2020

Mi lucha contra la I.A.



 Había leído varios artículos y visto varios documentales al respecto. Finalmente tomé la decisión de cerrar mis redes sociales. El último documental me ayudó a dar el gran salto. Les recomiendo ver The Social Dilemma (El dilema social) en la plataforma de Netflix. Son de esos programas que nos ayudan a salir de la caverna, en términos de Platón. Cuando pasamos el rato deslizando el dedo frente a una pantalla, estamos haciendo realidad un mundo distópico sin darnos cuenta de ello. Vivimos en la Matrix, (otra película que deben ver, si no lo han hecho).

No es una decisión fácil.  Aparentemente tengo mucho que perder si la llevo a cabo. Pero si me pongo el traje crítico, es evidente que estas redes sociales, en realidad absorben nuestro tiempo y se llevan de paso algo de nuestra humanidad. 

Estamos “conectados”.

En el documental, algo que desconocía es la construcción de redes sociales a medida. Me explico. Cuando miramos nuestra sección de noticias (el muro) en Facebook, no vemos lo mismo que podría mirar nuestro vecino. De acuerdo con los datos que libre y gustosamente aportamos a esta red social, serán las “noticias” mostradas de acuerdo a nuestro pérfil. Si somos de “izquierda” será contenido despotricando contra la derecha “fifí” y viceversa. Esto lo saben los políticos y pagan por promocionare en todos los perfiles posibles. En TODOS. 

Alguien de izquierdas, sólo verá en su pantalla contenido exclusivo, sea falso o verdadero; poco importa la verdad frente a las visualizaciones obtenidas, las cuales significan ingresos para ellos. Una persona de derechas, recibirá contenido afín a su personalidad. Tanto uno como el otro verán a los demás como enemigos, excluyendo el diálogo y buscando puntos en común. Las redes sociales nos dividen, en vez de acercarnos. Desinforman con tal de tenernos el mayor tiempo posible frente a la pantalla...

Todos cabemos en la virtualidad. La desinformación está a la orden del día. Por desgracia son muchas las personas que caen en estas redes. Más que nunca el espíritu crítico debe invocarse. Descartes ya lo había sentenciado muchos años atrás. 

Alienación tecnológica (Alienated, Alone And Angry: What The Digital Revolution Really Did To Us por Joseph Bernstein, buzzfeednews.com 17 de diciembre de 2019 10:23).

Les dejo arriba el link de un artículo que explica cómo la tecnología nos ha alienado, separándonos de la comunidad, cerrados en nuestra burbuja. 

Las redes sociales muestran una cara falsa del mundo. Aunque no lo crean, están personalizadas. En mi perfil mostrarán contenido acorde a la información, que a lo largo de los años, les he regalado inocentemente.

Si quieren informarse, lean periódicos de diferentes países y enfoques, en la medida de lo posible. Verifiquen siempre antes de compartir. No permitan que piensen o decidan por ustedes. Liberen su pensamiento. Desconfíen de todo lo visto en redes sociales, incluso YouTube. Las redes se rigen por inteligencia artificial y algoritmos.

No sé si voy a cancelar mi cuenta de Facebook. Si la llego a eliminar, podrán contactarme por otros medios. Así que lo más probable es que ya no nos veremos por estos rumbos virtuales. Conservaré mi cuenta de Twitter(@manuel_rn), ya que en ella puedo controlar más la información y desinformación. También me pueden encontrar en Telegram (@Manuel_rn), por si quieren platicar. Los invito a agregar este blog en sus favoritos, para seguir leyéndonos.

Hasta  pronto...


miércoles, 28 de octubre de 2015

Pequeños placeres.


         He tenido varias inquietudes. No es para menos. Llevo cuatro lecturas alternándose en mi mente y en mis gustos. Por la mañana leo un ensayo sobre santo Tomás de Aquino. Contrario a lo que se piensa comunmente; el Aquinate elaboró una filosofía propia, construida con categorías aristotélicas. En mis ratos de ocio (que son la mayoría), leo la cuarta entrega de la trilogía Millenium; la cual desgraciadamente no pudo terminarse por el autor original. Los primeros capítulos han satisfecho mi gusto por las conspiraciones y las personas genio. Lisbeth Salander entra en tan selecto grupo. Una heroína a su manera. 


Por la tarde, acompañado por una buena taza de café, hojeo una biografía sobre  la Emperatriz Carlota de México. Este libro en particular fue comprado por mi esposa en la reciente Feria Internacional del Libro en la ciudad de Monterrey.  Por menos de cincuenta pesos, los detalles biográficos de esta gran mujer llegan a mi acervo interior. Reservo un libro de Gabriel García Márquez para leer después, que conseguí por diez pesitos. Si hubiera tenido cien pesotes, sería el afortunado dueño de toda la obra de Gabo... ¿Quién dijo que la cultura no estaba al alcance de todos? Recuerdo una escena de la película Good Will Hunting, protagonizada por Matt Damon, donde, metido en su personaje le reclama a un presumido y fresa estudiante universitario, que pagó miles de dólares por una educación disponible en la Biblioteca Pública. Sólo falta querer saber. 


Curiosamente, los momentos de mayor reflexión ocurrieron dentro del autobús. Sentado junto a la ventanilla, rumiaba las ideas ofrecidas mediante un diálogo silencioso. Yo pregunto y el autor tiene que responder porque no le queda de otra. Las respuestas están ahí; si no, buscaré quién me las diga. En otro autor, con seguridad las encontraré.


No dispongo, como la mayoría de las personas, del gran privilegio de perder el tiempo. Siempre está en juego algo más que el conteo, abstracto de los instantes. Hasta en el camión debía estudiar. Extraño esa permisividad cognitiva, bien lograda en la Ciudad de México. Ahora que estoy en Monterrey; resulta más fácil y económico trasladarme en automóvil particular, que en el transporte público. Sorprenden las divergencias sociales en un mismo país. Ahora escucho podcasts cuando los trayectos largos se presentan. Es placer intelectual. No cuesta nada. Bueno, en realidad exige nuestro tiempo. Lo más valioso, porque implica Ser, dar-nos...


Por la noche, con léctor electrónico en mano, revivo las aventuras del Señor de los Anillos o río a carcajadas con las geniales ocurrencias del Quijote. Lo hago con intención de conseguir sueños fantásticos, donde yo sea el héroe. Me conformaría si participara en los relatos. Sí, el Quijote es una verdadera joya. Si supieran las carcajadas que produjo en mi ser... Pocas veces he reído tanto. De ambas obras, es la segunda lectura emprendida. Muchos detalles escapan con una sola lectura. Soy pésimo recordando nombres. De los apellidos, ni se diga.


Hay días en los que nada sucede. Por causas de fuerza mayor, me es difícil encontrar el sosiego necesario para continuar con mis escapes de lectura. Ese día para mí, es día perdido. A pesar de hacer otras cosas; como si nada hubiese hecho.


No concibo que en este país haya pocos lectores. No hay fórmula mágica para el cambio. Sin embargo, es el mejor comienzo. Por ejemplo: No sé cómo ande Nuevo León estadísticamente hablando en niveles de seguridad. Tendré que visitar el sitio del INEGI. Las televisoras, no obstante andan circulando noticias (incluso de años atrás) con imágenes de violencia; afirmando categóricamente y sin temor a equivocarse que los índices delictivos han aumentado con el cambio de  gobierno. Sea cierto o no, poco importa; puesto que no respaldan sus imágenes con datos macizos. Para una mente crítica, esas notas carecen de objetividad, esconden fines tendenciosos. Lamentablemente las noticias pueden ser fabricadas o maquilladas. 


Ante esta situación es imperativo fomentar el gusto por la lectura. Veinte minutos ya no son suficientes. Pero, como dije arriba: por algo se debe empezar. La lectura es alimento mental. Sacia nuestro cerebro con ideas. Con el tiempo las hacemos propias. Y esto se pone mejor: Añadimos el condimento de nuevas ideas. Las comparamos con otras. Nos hacemos partidarios del mejor argumento, sacudiendo las opiniones. Llenamos de contenido nuestra opinión sobre algún tema. Por último, no nos conformamos con cualquier cosa. Exigimos lo mejor de lo mejor. 


Todo esto ocurrirá con un simple, pero eficaz detonante: Leer.