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jueves, 10 de diciembre de 2020

Blogmas 10 2020. Chocolate con Santa...

 


El frío ha disminuido en la Sultana del Norte; pero sólo en las tardes. Las mañanas y noches continuan frías. Desayunamos unos deliciosos chilaquiles rojos con mucha crema. Todo lo caliente se antoja por evidentes razones. 

El primero de la colección.

Me quedé pensando en el tópico sobre Santa Claus, discutido en uno de estos blogmas. Considero que San Nicolás puede convivir perfectamente con la Navidad cristiana. Incluso hasta el señor Claus, pues es un derivado del santo obispo turco. De hecho tengo cita virtual para una exposición sobre la historia de Santa Claus, programada para este miércoles. Será la primera vez que utilice zoom, así que debo abrir una cuenta para poder inscribirme a esa clase.  No me había dado cuenta que, sí, me declaro fan de San Nicolás. Tengo muchos artículos de él; entre muñecos de playmobil, hasta una figura de funko... Creo que hasta soy capaz en un futuro de disfrazarme de él y regalar juguetes en su nombre. Aunque me faltan barba, canas y panza. Pero el disfraz podría ocultar las carencias. Me apunto para quien necesite un Santa Claus en futuras navidades pospandémicas...

Netflix Navideño.

En este tiempo de adviento nos preparamos para una llegada. La Navidad no sólo anuncia un nacimiento; también pregona el fin de los tiempos. Por eso debemos prepararnos con alegría y esperanza para la Llegada. Un amigo celeste me decía que lo más importante era la esperanza, muy olvidada en la actualidad.

Voy a prepararme un chocolate espumoso para que barra la amargura de este encierro. Les mando un cálido abrazo.

lunes, 22 de junio de 2020

Cuarentena con Platón.



     Soporté tres mese en cuarentena. Tuve  que romperla. El trabajo y la falta de dinero pudieron más. Eso sí, llevo puesto mi cubrebocas a su vez cubierto por una careta de plástico. Así será muy difícil tocarme la cara...

Everybody lies, es la sentencia de dr. House, la cual curiosamente adquiere mucho valor en estos días de pandemia. Debo suponer que todos mienten; cualquier persona es causa de infección. Todos apestan. Portan el virus, por lo que debo cuidarme de todos. Yo no sé dónde estuvo mi prójimo, ni con quién estuvo, ni si esa persona fue tan cuidadosa como yo en asuntos de higiene y sana distancia. En consecuencia, si yo no me cuido nadie lo hará. 

Muchas personas pregonan la inexistencia del virus; otras invocan teorías conspirativas basadas en videos y artículos compartidos en redes sociales. Lo que no saben es que esas redes viven del número de vistas generadas. Esas vistas implican ganancias para esas redes. Usan algoritmos para mostrarte más contenido, basado en tus búsquedas recientes. En pocas palabras, saturan tu mente con un mismo tema y visión. Terminarás por adoctrinarte por cuenta propia. A las redes sociales lo que menos les importa es la verdad. La realidad es aburrida, no es redituable.

En clases de lógica me enseñaron: De la falsedad se puede concluir cualquier cosa. Para prueba analicen objetivamente (si pueden) las teorías conspirativas...

El ser humano es propenso a basar su pensamiento en creencias por encima de los hechos. La fe no puede ser ciega; tampoco desconectarse totalmente de la razón. Fe sin razón es dogmatismo. Es cierto también, hay quienes guardan fe en la ciencia. Creen que la ciencia tiene todas las respuestas.

Hay una persona híbrida entre el dogmatismo y el cientificismo, surgida a raíz de esta pandemia: La persona que sabe de la existencia del virus; pero relaja las medidas sanitarias porque mantiene el pensamiento de que la muerte de cierta forma está predestinada: "Cuando te toca te toca; o, de algo me he de morir; o, sólo muere población en riesgo".  Pensamientos falaces y egoístas. 

República de Platón. Trad. Antonio Gómez Robledo.


Por ello, ahora me he recluído en mis pensamientos, para no contagiarme con el virus de la ignorancia, más contagioso y peligroso que el coronavirus. Gibrán Kahlil decía: Jesús curó a los ciegos y cojos; pero a los tontos no los pudo curar.

 Aprovecho estos tiempos de reflexión para leer la República de Platón. Voy a leer un libro de esa obra por semana, para reflexionar. En el libro I aborda el tema de la justicia, muy ad hoc con el tema de la corrupción. Un interlocutor bastante fuerte para Platón (en voz de Sócrates) es Trasímaco, quien afirma que la justicia no es otra cosa que el interés del más fuerte. Trasímaco es el predecesor de Raskolnikov y de Zaratustra... En la realidad parece imperar el injusto sobre el justo. Cambién la palabra injusto por la de corrupto y todo embonará. Porque el injusto parece vivir bastante bien, rodeado de poder, riqueza e impunidad.

Aquí una cita de lo dicho por Trasímaco:

“Lo que debías tú ver, Sócrates, si no fueras tan ingenuo, es que el varón justo lleva donde quiera la peor parte en comparación del injusto”. 343d-344c. 



Líneas adelante Trasímaco agregará: 



“La justicia es inútil y la injusticia útil”. 348c. 


Si observamos cómo viven los corruptos, podemos contemplar que en esta vida les va bastante bien, por eso el argumento de Platón se topa con la realidad. Pero Platón no puede admitir que la injusticia sea una virtud, que sea algo bueno de suyo. 


La justicia implica cierto orden. Platón probará que la injusticia no puede ser una virtud y quien comete injusticia, en cierta forma está más o menos apoyándose en la justicia: 


Sócrates dirá: 


“Si imaginamos un Estado, o un ejército, o una banda de salteadores o ladrones, o cualquier otro grupo de asociados para perpetrar alguna injusticia, ¿crees tú que serían capaces de tener el menor éxito si no observaran la justicia entre ellos?”. 351 c. 


“Pero si es así, Trasímaco, es porque la injusticia es causa de disensiones, de odios y batallas de unos contra otros, mientras que la justicia mantiene la concordia y la amistad, ¿o no es así?” 351 d. 


“Alguna justicia, evidentemente, debió de haber entre ellos, en la forma injusta que lo hicieron sus adversarios, y por esa justicia pudieron hacer lo que hicieron. Cuando se lanzaron a sus empresas injustas, no estaban sino a medias estragados por la injusticia, ya que quienes son del todo perversos y perfectamente injustos, son por ello mismo, perfectamente incapaces de toda acción”. 352 c. 


Termino cita y actualmente podemos ver la división y confrontación que causa la injusticia en nuestra sociedad. El tema del racismo es prueba de ello. Las personas no están satisfechas con un gobierno que discrimina e incluso mata por el color de piel. Sin justicia no puede haber orden ni concordia, sólo impera el odio. 


Para Platón la justicia es una virtud del alma, consiste de obrar de acuerdo al bien, de la mejor manera posible, no de dar a cada quien lo que merece. Obrar de acuerdo a tu ser, a tu alma. 


El libro termina sin definir exactamente qué es la justicia. Pero nos da bastante material para reflexionar en nuestra situación actual. 


Espero que se den la oportunidad de leer a Platón, no se arrepentirán.
Bibliografía.

Platón (2000). La República. (Trad. A. Gómez Robledo). Bibliotheca Scriptorum Graecorum Et Romanorum Mexicana. UNAM.











sábado, 7 de marzo de 2020

Libros de Cabecera.



            Recuerdo en mis años de estudiante, mi primer contacto con Blaise Pascal. En clase de Historia de la Filosofía nos dejaron leer los Pensamientos. Esta obra me cautivó tanto, que me pasé la noche en vela leyendo y reflexionando sobre el legajo de fotocopias provistas por el profesor. Mi esposa tenía el libro. Lo leí por completo. De cumpleaños me regaló un libro complementario. Eran algunos ensayos, cartas y algunos pensamientos del autor. Me lo dio junto con otros libros de poesía. Deseaba que fuera mi libro de cabecera, que me acompañara a todas partes... ¡Gran regalo!




Aunque el nombre del autor está escrito como suena, esto no afecta el contenido del libro. Es un complemento a los Pensamientos, para conocer más al autor. El título original de los Pensamientos era Apología del Cristianismo, obra inconclusa, ya que Pascal falleció a los treinta y nueve años (yo tengo treinta y ocho, ¿debo preocuparme?). El libro nos llegó fragmentado.

No obstante, las reflexiones del autor son bastante profundas. Te hacen pensar sobre lo frágil y contingente del mundo. También hay un apartado para convencer a los ateos de apostar por la existencia de Dios. Es conveniente. En la vida tenemos que elegir cara o cruz. Es inevitable... 

Racionalmente, según Pascal, no se puede probar la existencia de Dios; tampoco lo contrario. Ya que para demostrar algo es necesario conocer su naturaleza. Como Dios es infinito, su naturaleza nos está vedada. Sólo podemos apostar su existencia. Apostamos nuestra vida por ello. ¿Qué podemos perder? La pérdida es poca, comparada con la ganancia. Se puede ganar una eternidad, a cambio de una vida finita. Si apostamos y no ganamos el premio mayor, tampoco es algo que nos atormente. En realidad no se perdería nada. Pero si ganamos...




No les cuento más. Les invito a leer el libro. Será mi libro de cabecera por lo menos un par de meses.

viernes, 28 de febrero de 2020

No puedes leer un mismo libro dos veces.

   

           Cuando era un joven de veintitantos años leí el Príncipe de Maquiavelo. Es una lectura corta impregnada de gran contenido. El poder ya no viene del Cielo, sino proviene de los méritos o atrocidades del hombre. Puede leerse como una guía para alcanzar y/o conservar el poder.

Años más tarde el mismo libro llegará a manos de mi hermano. Lo devoró en breve tiempo. Leía un capítulo y me comentaba las ideas contempladas en sus páginas. Eran ideas con su peculiar punto de vista. Me quedé estupefacto, ya que el principal concepto obtenido en mi lectura fue "el fin justifica los medios", con tal de mantenerse en el poder.

Mi hermano, no obstante, me recordó otras ideas de esa obra, a tal grado, que ese libro está de nuevo en mi lista de espera. Lo releeré con nuevos bríos. Cómo un mismo libro puede fluir más de una sola vez en nuestras mentes y ánimos. Es un diálogo continuo con grandes mentes de diferentes épocas. En esto reside la grandeza de la lectura. Podemos conversar mentalmente con maestros de papel. El tiempo no es barrera: regresar, pausar, adelantar, todo con tal de comprender mejor lo leído.

Parafraseando a Heráclito: No puedes leer un mismo libro dos veces. El flujo de ideas es cambiante.  Bebemos de las fuentes del conocimiento a voluntad. Sólo basta tomar un libro y tener el valor de abrirlo...


lunes, 18 de marzo de 2019

¿Tenemos alma?





¿Tenemos alma?


         Cuando estudiaba filosofía en la Universidad, me tocó hacer mi servicio social en un albergue donde vivían personas indigentes. Conocí todo tipo de personas. Desde el señor que tuvo todo y lo perdió… hasta el señor don Pepe. Una persona muy especial. Era un viejo con cataratas en los ojos, sentado en una silla de ruedas. Pero la razón por la que lo recuerdo es porque un día nos habló sobre el alma humana. Y para probarnos que teníamos alma nos dijo:


----Tenemos alma porque podemos hablar con nosotros mismos…En nuestro interior.


Y efectivamente, este hombre me dio una lección de sabiduría. Con su sencillez había dado un argumento muy fuerte para considerar la existencia del alma humana…


Podemos probar de manera racional la existencia de nuestra alma. Queridos amigos ustedes se preguntaran cómo se puede demostrar algo que no vemos. La respuesta requiere reflexión de nuestra parte.


Sea dicho de paso, las causas pueden conocerse por sus efectos. En el caso del alma tenemos un efecto peculiar y concreto, a saber, el pensamiento.


El pensamiento es un efecto de índole inmaterial. ¿Cuánto mide el pensamiento, cuánto pesa? O a modo medieval ¿Cuántos pensamientos caben en la cabeza de un alfiler? El pensamiento es inmensurable, debido a su inmaterialidad. Si el pensamiento es un efecto inmaterial de nuestro ser; por tanto la causa de tal efecto que es nuestra alma, también debe ser inmaterial.


Volviendo al recuerdo de don Pepe, cuando él decía que podemos hablar con nosotros mismos, ciertamente estaba hablando de un fenómeno muy peculiar. Estaba hablando de la reflexión. Es decir no sólo pienso, produzco pensamientos sin más. También al pensar puedo reflexionar sobre el mismo acto de pensar. Pienso que pienso, entiendo que pienso, en términos agustinianos. Sobre la reflexión vienen a mi mente las enseñanzas de mi profesor Carlos Llano:


Si la reflexión sobre nuestro pensamiento fuese totalmente orgánica, es decir causada exclusivamente por nuestro cerebro, entonces tendríamos una cabeza enorme. 


Es decir que si el pensamiento fuera absolutamente material, la reflexión sobre nuestro pensamiento, también lo sería, necesitaríamos un cerebro adicional para reflexionar sobre nuestro cerebro y así sucesivamente. Seríamos unos seres con una cabeza inmensa…


En resumen:


  • El alma puede conocerse por sus efectos. 
  • El alma es inmaterial, porque el pensamiento que es su efecto, es inmaterial. 
  • El alma no está sujeta a los cambios que se producen en los cuerpos, por ejemplo, el tiempo. 
  • El alma es un principio vital de los seres vivos.


viernes, 3 de junio de 2016

Todo empieza con una taza de café

 
      
      He tenido demasiado sueño. Mi perro Blackie colaboró a ello. No importa. Al fin ni quería dormir. Todo mejora con una taza de café. El Starbucks está lleno de snobs. Un café de Krispy Kreme viene acompañado con la tentación de comprar una docena de donas rellenas de crema pastelera. No gracias. Por fortuna el Sanborns está poco concurrido (en parte porque llegamos a las cuatro de la tarde). Espada de doble filo: Las meseras son escasas y pedir un simple café puede tardar una eternidad. El antojo puede esfumarse. Mi esposa y yo decidimos arriesgarnos. Ordenamos un par de cafés americanos. Siento un antojo terrible de helado. Sin más remedio pido uno de chocolate, el cual incluye unas pastas dulces. Cedo las pastas a mi amor, para no tomarse el café solo. Con el helado tengo más que suficiente. El café es recién hecho. La combinación entre dulce y amargo; caliente y frío, me fascina.

No tardamos más de veinte minutos en el restaurante-tienda-farmacia-librería. La mesera estuvo al pendiente de las diez mesas a su cargo. Por distracción, confieso que no vi su nombre. Procuro fijarme en el gafete. Esta vez no lo hice. Mi atención estuvo fija en la taza de café. Las meseras deben ser tratadas como personas; no como un número más inmerso en la sociedad. También tienen su historia, con todos los problemas que acarrea el día a día. Me molesta sobremanera verlas tratadas como si no existieran, como seres inferiores, cuyo único delito es no tener más dinero que el comensal. Todavía hay gente con una forma de pensar basada en la cantidad. Se condenan, sin quererlo, a la soledad. 

Cuando voy a cierta plaza comercial, donde acuden personas con holgura económica, no puedo pasar inadvertida cierta prepotencia de clase. Si por alguna razón nuestros caminos se cruzan, nunca detendrán su paso, siguen en línea recta, esperando a que tú cambies de dirección o te hagas a un lado. Su lenguaje corporal denota superioridad. "Tengo más derecho a pasar que tú". ¿Parece absurdo, verdad? Lo que hago yo es detenerme. Hacerle saber a la otra persona de mi existencia. 

Gracias a las redes sociales, es más frecuente la denuncia social de actos discriminatorios. Si una mujer los comete, es señalada por la comunidad virtual como lady, agregándole la acción por la cual se ganó el hashtag. Los hombres se llevan el honor de lord o mirrey. La nobleza "económica" ya no es signo de distinción. 

Con nuestro celular podemos denunciar la injusticia. Parece increíble, pero una denuncia en internet tiene más eco y repercusión para las autoridades que hacerla de manera presencial, con pocos testigos. 

Si nuestra integridad personal no corre ningún peligro, debemos usar la cámara de nuestro móvil, para algo más que hacer selfies... Sería lo mínimo. 

Nunca dudaré del número mayor de personas buenas, sobre las malas. El problema radica en que los buenos no actuán tanto como los malos.




miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cinco Minutos

El tiempo se compone de una constante e ininterrumpida sucesión de instantes. Objetivamente ningún instante parece tener más jerarquía frente a los demás; por otro lado los símbolos cargados de cotidianeidad dicen lo contrario. Cada instante simboliza un estado de ánimo, una aspiración por algo más. La vida en sí misma tiene un sentido oculto bajo las entrañas del tiempo, indescifrable. La música busca capturar afanosamente los instantes más sublimes. Eternizar lo efímero con melodías impregnadas de permanencia, de vida. Cada nota representa un latido, un anhelo por prolongar los instantes hasta más no poder. ¿Por qué dar voz a los ruidos que retumban en nuestra cultura, extinguiendo las melodías que nacen del silencio? Hay voces que no pueden ser escuchadas por el simple hecho de haberse apagado, sin embargo cuánto nos dicen con su silencio, sonidos jamás tocados. Mi propósito es precisamente rescatar esas notas. Al sonar el despertador digo: cinco minutos más. He ahí una de las expresiones más profundas del ser, aunque sea dicho casi de forma inconsciente.
Desde el resguardo dispuesto por la esfera creada por el más solitario ego, veo cientos de hormigas, sólo viven para el trabajo. La vida cotidiana los ha esclavizado. El tiempo subjetivo se apoderó de sus almas. Sólo la muerte podrá liberarlos de tan penosas jornadas. Se han tornado agonía, no vocación. ¡Qué buena es la vida del hombre, pero qué alejado está el hombre de la vida! (Gibrán Kalil Gibrán). Buscamos desesperadamente prolongar el olvido de la muerte, o de la brevedad de la vida, terminando por angustiarnos. Quiero gritar con gozo: ¡No soy hormiga!
Detrás del escenario no hay nada, exclaman con orgullo, sin embargo no pueden explicar por qué hay escenario. Si alguien pregunta por la presencia del escenario (no se diga de la puesta en escena), responden llanamente que tal pregunta no tiene lugar, está mal planteada. No preguntamos por el ser del escenario, sino por algo más acorde: ¿Por qué hay un escenario? No podemos saber quién instaló el escenario junto con la obra hasta que la función se dé por terminada. La oscuridad en el fondo no nos permite ver al director; sin embargo al final de la obra siempre se presenta el director. Esto no podría suceder si el director no consintiera libremente a ello. Pocas son las personas realmente protagonistas de esta gran obra, la mayoría no pasan de espectadores, y de ésta, gran parte no lo sabe.
No obstante muy a pecho sienten la contingencia en cada instante; el recuerdo pervive aunque el tiempo pase. Sin importar cuánto empeño pongamos no podemos agregar ni un segundo a nuestra existencia. La ciencia progresa constantemente, la vida se detiene. Hay horizontes que marcan los límites de nuestra razón. Pero la luz más bella no podemos verla sin ser cegados. Es precisamente en nublado cuando realmente podemos apreciar tan noble luz. Las notas más altas no pueden ser percibidas por nuestros oídos. Por otra parte la más tenue luz y la más insignificante nota pasan desapercibidas. Así mismo el pensamiento más elevado, más allá del cual nada podemos pensar, está vedado a nuestra pura razón. Los mismos sentidos están limitados por lo captado. La razón vislumbra una sombra a lo lejos. No puede comprenderla. Esa tiniebla en realidad es luz. Nuestro conocimiento es limitado, imperfecto, pero perfectible y progresista. Dentro de los límites reales, dada nuestra condición humana, encontramos límites artificiales, impuestos por el mismo hombre, sin necesidad de ellos. ¿Por qué cortar las alas? El hombre puede llegar a alturas insospechadas de pensamiento, es cierto; pero el sol no puede taparse con un dedo. Subir el primer escalón significa conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo podré expresar algo coherente sobre la luz, si para ello necesitaría hacerme luz? Sólo podemos reflejar la luz u opacarla. Reflejamos la luz a través de nuestro ser. La opacamos cuando optamos por el camino del no ser. En cinco minutos puedo definir toda mi vida o perderla para siempre. Percibo algo de luz en mí ser. Mis éxitos junto a mis fracasos hablan de mí, pero no dicen quién soy. Mi cuerpo expresa mi ser, no lo define. Es el indicador sensible de una realidad mayor.
A veces concluyo que Platón tenía razón; todo lo demás es desviación. Este mundo está sumergido en apariencias. Da lo mismo si son inventos de la humana imaginación o son auténticas regidoras de nuestro devenir. El mundo está sujeto a la locura de su razón aparente. Hemos creado un mundo ajeno al hombre. El hombre ya no se siente parte del mundo, ni de sí mismo. Piensa que le pertenece; nada tan alejado de la realidad. No todas las personas son así, solamente quienes creen merecer los asientos principales en las mesas. Tenemos ojos y oídos, sin embargo no vemos ni escuchamos. Puedo estar sumergido en el error, creyendo estar en las cumbres del conocimiento. Tanto es el afán por ser alguien. Nos desconocemos, perdidos en la vorágine del conocimiento. Sin saber qué buscamos, siempre hayamos porque anteponemos falsos ídolos. No alcanzamos la meta debido a buscar rutas cortas, tan alejadas de nuestro sólido fin.
Sesenta instantes distribuidos en cinco suspiros bastan para dar término a este fugaz trabajo. La vida es una constante exhalación; cualquiera podría ser la última. Pero incluso el más leve descuido termina por hacernos ignorar la trama principal de la obra. Los argumentos bien sustentados pasan inmutables por nuestra mente cuando atendemos la manera en presentarlos. Con sólo leer detenida y atentamente el gran libro de la vida, podría entender la simple alegría, cum laude gaudio. No podemos evitar estar en el escenario, aunque sean breves las líneas. Me bastan cinco minutos para dejar huella firme en la arena. Tal vez alguien esté cerca y diga: Una persona ha pasado por aquí. ¿Acaso podré agradar a los espectadores con tan poco tiempo? Me contestan que depende de la calidad de mi actuación. Esperen un poco. Tengo un as bajo la manga. El telón solo ha bajado por trescientos segundos, en breve volverá a levantarse para el segundo acto. Algunos actores no lo verán. Lo seguro es que al final de la obra vendrá la ovación del público, hasta el rey aplaudirá. La esperanza del gran final nos mueve a pararnos frente a un público impredecible. ¡Tanto afán, esfuerzo, cansancio por sólo unos minutos en escena, los cuales no garantizan el buen desenlace de la obra! ¿Qué nos mueve a desenvolvernos ante un público en un escenario pasajero? No lo sé tan sólo soy uno de muchos actores que han pasado por este teatro de la vida. Estando en el escenario nada más puedo actuar; precisamente es lo mejor que sé hacer. Muchos personajes han desfilado por este escenario.
Algunos han dicho que lo representado en escena es una farsa, una simple distracción, la cual, al caer el telón no nos muestra nada más allá de los límites de su guión. Por otro lado, es gracioso saber el carácter representativo de las obras, reflejo más o menos fiel de realidades parecidas o con mayor riqueza. ¿De dónde toman las realidades en las que apoyan sus plumas?
Faltan sólo cinco minutos para entrar en escena. El miedo a la soledad nos arrastra. La esperanza sigue latente. El mundo es un amigo… en potencia. Requisito indispensable: la apertura integral ante nuestra realidad. Nunca será suficiente complacernos con los sobrantes de la vida. En nuestro interior resuena un clamor: La sed no puede saciarse en aguas poco profundas. Nuestra sed exige terminarnos el pozo entero, incluso más. En realidad existe un pozo capaz de saciarnos. La profundidad ha empezado ciertamente en nosotros, aunque no encuentra su fin a no ser fuera de sí. He ahí la esperanza de la humanidad. Es muy confortable permanecer en el resguardo seguro de nuestra intimidad. Es una huida que nos remite hacia lo más temido. Nuestro propio ser se muestra con temor.
Un gran amigo un día me comentó, lo que él pensaba como el mayor problema de la sociedad. Me dijo que el mundo no tiene esperanza. No la tiene porque las mismas personas han dejado en el olvido lo más esencial para su ser. Sin temor a equívocos, mi amigo estaba en lo cierto.
El telón finalmente bajará…
La obscuridad de la sala infunde la desesperanza.
Si aún puedo ver oscuridad, sin duda es porque la luz de mis ojos me lo permite. Mi poca luminosidad no basta.
El director me ha llamado a escena. Pronto dejaré de ser simple espectador y actuaré en la vida. ¿Qué papel me asignó? Un simple paje, un acaudalado, un pordiosero. No importa, ya que el director pronto verá mi actuación. Mi papel está enfocado totalmente en él. Por cinco minutos el escenario será todo mío.