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sábado, 7 de marzo de 2020

Libros de Cabecera.



            Recuerdo en mis años de estudiante, mi primer contacto con Blaise Pascal. En clase de Historia de la Filosofía nos dejaron leer los Pensamientos. Esta obra me cautivó tanto, que me pasé la noche en vela leyendo y reflexionando sobre el legajo de fotocopias provistas por el profesor. Mi esposa tenía el libro. Lo leí por completo. De cumpleaños me regaló un libro complementario. Eran algunos ensayos, cartas y algunos pensamientos del autor. Me lo dio junto con otros libros de poesía. Deseaba que fuera mi libro de cabecera, que me acompañara a todas partes... ¡Gran regalo!




Aunque el nombre del autor está escrito como suena, esto no afecta el contenido del libro. Es un complemento a los Pensamientos, para conocer más al autor. El título original de los Pensamientos era Apología del Cristianismo, obra inconclusa, ya que Pascal falleció a los treinta y nueve años (yo tengo treinta y ocho, ¿debo preocuparme?). El libro nos llegó fragmentado.

No obstante, las reflexiones del autor son bastante profundas. Te hacen pensar sobre lo frágil y contingente del mundo. También hay un apartado para convencer a los ateos de apostar por la existencia de Dios. Es conveniente. En la vida tenemos que elegir cara o cruz. Es inevitable... 

Racionalmente, según Pascal, no se puede probar la existencia de Dios; tampoco lo contrario. Ya que para demostrar algo es necesario conocer su naturaleza. Como Dios es infinito, su naturaleza nos está vedada. Sólo podemos apostar su existencia. Apostamos nuestra vida por ello. ¿Qué podemos perder? La pérdida es poca, comparada con la ganancia. Se puede ganar una eternidad, a cambio de una vida finita. Si apostamos y no ganamos el premio mayor, tampoco es algo que nos atormente. En realidad no se perdería nada. Pero si ganamos...




No les cuento más. Les invito a leer el libro. Será mi libro de cabecera por lo menos un par de meses.

viernes, 28 de febrero de 2020

No puedes leer un mismo libro dos veces.

   

           Cuando era un joven de veintitantos años leí el Príncipe de Maquiavelo. Es una lectura corta impregnada de gran contenido. El poder ya no viene del Cielo, sino proviene de los méritos o atrocidades del hombre. Puede leerse como una guía para alcanzar y/o conservar el poder.

Años más tarde el mismo libro llegará a manos de mi hermano. Lo devoró en breve tiempo. Leía un capítulo y me comentaba las ideas contempladas en sus páginas. Eran ideas con su peculiar punto de vista. Me quedé estupefacto, ya que el principal concepto obtenido en mi lectura fue "el fin justifica los medios", con tal de mantenerse en el poder.

Mi hermano, no obstante, me recordó otras ideas de esa obra, a tal grado, que ese libro está de nuevo en mi lista de espera. Lo releeré con nuevos bríos. Cómo un mismo libro puede fluir más de una sola vez en nuestras mentes y ánimos. Es un diálogo continuo con grandes mentes de diferentes épocas. En esto reside la grandeza de la lectura. Podemos conversar mentalmente con maestros de papel. El tiempo no es barrera: regresar, pausar, adelantar, todo con tal de comprender mejor lo leído.

Parafraseando a Heráclito: No puedes leer un mismo libro dos veces. El flujo de ideas es cambiante.  Bebemos de las fuentes del conocimiento a voluntad. Sólo basta tomar un libro y tener el valor de abrirlo...


sábado, 11 de enero de 2020

Cambio de Paradigma



      El día de hoy terminé de ver la serie Downton Abbey. Me llevo un grato sabor de boca. Es una serie con buenos escritores. No dejan ni un cabo suelto. Cada personaje tiene su historia y evolución. Es una serie sobre el cambio de paradigma. De cómo la nobleza inglesa dio entrada a la burguesía incipiente. El sistema feudal de tierras perdía terreno frente a la industrialización. El siglo XX venía con todo. Muchos nobles fueron incapaces de adaptarse ante los nuevos tiempos, por lo que sucumbieron ante la modernización. Esta serie aborda estos cambios a través de la mirada no sólo de los nobles, sino también de sus sirvientes. Ambas historias son interesantes y guardan relevancia. No cuento más. Los invito a verla. 

También conseguí la última entrega de la hexalogía Millenium, iniciada por Stieg Larsson y ahora retomada por David Lagercrantz. Espero que le rinda un debido homenaje a la protagonista. Lisbeth Salander es única. Mezcla de genialidad con valentía. Lo curioso es que de la primera trilogía, escrita por el autor original, me acuerdo casi por completo de la trama. De la nueva, me esforcé por recordar. Las nuevas entregas parecen más historias de acción. Lagercrantz tenía una labor difícil...

Oficialmente Navidad termina con las primeras vísperas del Bautismo de Jesús, iniciando el tiempo ordinario. En febrero comienza la cuaresma. Cada año se me hace más rápido que el anterior. ¿Será eso envejecer? Me encuentro a dos peldaños del cuarto piso. Una prima me envío una solicitud de amistad. Acepté con el pensamiento de conocerla cuando era apenas una bebé de brazos. El tiempo vuela.

A estas alturas, mis gustos han envejecido. Prefiero sentarme a leer y escribir, acompañado generalmente con una taza de café o con un vaso de whiskey en raras ocasiones. Bebo para degustar, no para embrutecerme. Incluso compré un vaso especial (glencairn) para apreciar mejor el sabor. Sin embargo confieso mi adicción al café. Un día cometí el grave error de no llevar mi termo. El dolor de cabeza no se hizo esperar, como un recordatorio para mi sistema. El café y yo tenemos una relación complicada. Adquirí el hábito de tomarlo gracias a mi esposa. Ella me incitó. Bendita culpa.

Me tomé un café a las seis de la tarde. Espero conciliar el sueño. De lo contrario, la lectura nocturna me aguarda.




viernes, 10 de enero de 2020

Recapitulación



    He estado bastante alejado por estos rumbos virtuales. Cada año me propongo escribir más entradas en este blog y caigo en la cuenta de haber fallado; o por lo menos no escribir tanto como quisiera. Tengo una aplicación en mi teléfono inteligente, cuyo nombre es Pocket. Es una herramienta que te permite guardar todo tipo de artículos y noticias encontradas en la red. En uno de los artículos consultados, encontré un consejo: "Si quieres escribir más y mejorar con cada intento, es recomendable hacerlo en un blog". Obviamente estoy parafraseando archivos de mi memoria. Por cierto lo que leo en dicha app, lo comparto en mi cuenta de Twitter, si tienen interés en leer estos artículos.

La época del año más esperada y celebrada por un servidor es sin duda alguna la Navidad. Adorno la casa con cualquier cosa impregnada de su aroma. Soy católico y la celebración más importante es la del Nacimiento del Niño-Dios. Soy fan de Santa Claus. No obstante sé que él es imagen de San Nicolás. De hecho la pronunciación del nombre del santo derivó en el actual (les invitó a pronunciar San Nicolás lo más rápido que puedan y entenderán).

La Navidad como cualquier otra fiesta puede perder sentido; como ocurre con la vida del hombre. Si despojamos la celebración de su significado real, el resultado esperado es un vacío. ¿Por qué el señor Claus regala juguetes el día 25 de diciembre? ¿Por qué adornamos un pino? ¿Porque podemos y queremos?

Me sorprende la cantidad de tiendas con temas navideños en pleno octubre. Desplazaron el Día de Muertos a septiembre... La finalidad de los comercios es vender. Sin embargo debemos buscar el sentido oculto en todo. La Natividad dio el brazo a torcer y se convirtió en Navidad, y ésta en Fiestas. No vayamos a ofender a quienes no creen o no celebran esto. Por unos cuantos, el sentido profundo de esta época se ha desvirtuado. Es comprensible: Si un Dios hecho niño nos viene a predicar la humildad y pobreza, ciertamente ese niño se vuelve un obstáculo para las ventas...

En fin, no quiero excluir a nadie de esta celebración. Alguien no creyente puede honrar más la Navidad, haciendo algo por los demás, que un ferviente creyente llenando su estomago de pavo y viceversa. Me desvié demasiado. 

Otro de mis propósitos de año nuevo fue, como siempre, leer más libros que el año anterior. Advierto: No se trata de leer por leer. Es más importante nutrirte de tus lecturas. Vale más leer un sólo libro en tu vida, pero bien leído y meditado, que leer cien libros olvidados. Es tendencia en redes sociales. Pero calidad vence a cantidad, aunque no están peleadas. No diré cuántos libros leí en el año. Llevo un registro de mis lecturas desde hace dos años. Habrá quien juzgue que he leído mucho y a muchos les podría parecer poco. He tratado año con año, de hacer tiempo para leer. Es mi vida, mi segunda naturaleza.

Mi abuela lleva cuatro años en el Cielo. Confieso que su partida no opaca la Navidad, al contrario, asocio su recuerdo con esta celebración. Mi "abue" y Navidad son inseparables. Poner el árbol con el Nacimiento fueron costumbres inculcadas por ella. Hay un tufo de tristeza, porque se le extraña. Sin embargo fueron incontables las alegrías heredadas por tan gran mujer. 

Ahora los nietos junto con los bisnietos iluminan estas fiestas. Los niños son la alegría del hogar. 

Quiero retomar la escritura en este medio. Por eso les comparto mis pensamientos.

Feliz Año Nuevo.

sábado, 19 de octubre de 2019

Experiencia FIL Monterrey 2019




      El viernes, mi esposa y yo nos dimos la oportunidad de asistir a la Feria Internacional del Libro en Monterrey. El año pasado no fuimos. La razón es sencilla: cada vez hay menos expositores e invitados. Este año los anaqueles y pasillos fueron menos que hace dos años. Confieso que la entrada en esta ocasión fue accesible. Por veinte pesos puedes visitar la Feria por el tiempo de duración de la misma, es decir, la entrada vale para todos los días. El guardia que recibió nuestros boletos nos confirmó la validez de los mismos. Existía la posibilidad latente de volver a entrar el sábado y domingo a la feria sin pagar más (exceptuando la cuota única de estacionamiento con valor de ochenta pesos, sí te lo piensas).

Por desgracia, se nos ocurrió acudir en la mañana. Hordas de niños de preescolar, primaria y secundaria asediaban los pasillos con sus gritos y correrías. La sección favorita de los imberbes fue la de comics. Pude ver a varios de ellos por lo menos con un libro en mano. Hubo pocas ofertas; pero estuvieron. Era cuestión de buscarlas. Nunca vi libros obsequiados. Me imagino que rentar un espacio en la feria costó un ojo de la cara. Por tal motivo los expositores fueron contados. En años anteriores recorrías la Feria en un lapso no menor a tres horas. Esta vez hicimos el recorrido en una hora y media; con niños de por medio.

Una oferta que llamó demasiado mi atención fue la del Fondo de Cultura económica. Había una colección de libros de bolsillo con costos desde los diez hasta los veinte pesos. Eran relatos cortos de variados temas. La colección se llama Vientos del Pueblo. Un gran acierto para la nueva dirección del Fondo. Son libros que puedes leer en el metro, en el autobús, prácticamente puedes llevar cultura a todas partes. Compramos cinco ejemplares de esa colección por una cantidad menor a lo pagado por estacionarnos.

También compré un separador magnético de Memín Pinguín. Ahora que me detengo a observarlo el diseño del personaje es racista en exceso. Pero me gusta la historia del personaje, muy bondadoso...

A medio día terminamos el recorrido. No comimos nada dentro de las instalaciones. En primer lugar porque los precios estaban elevados; y por otra parte la oferta gastronómica era menor a otras ediciones del evento.

Creo que los organizadores deberían  ver este evento por lo que significa culturalmente hablando. No estaría de más que vieran las Ferias de la Ciudad de México y la de Guadalajara como un ejemplo de lo que sí es lícito hacer. No todo es negocio.

viernes, 3 de agosto de 2018

Vacaciones 2018


Viernes 13 de julio 2018.


     Por fin ha llegado el tiempo vacacional. He tratado de aprovechar este tiempo al máximo, entre lecturas y cursos por internet, la agenda vacacional no puede estar más llena. Mi esposa me invitó a inscribirme a un curso de álgebra básica. Me fascina simplificar términos. Ansío llegar a las ecuaciones.

Estoy por concluir un documental sobre la historia de Cuba en la plataforma de Netflix (The Cuba libre story). Lo recomiendo. Hasta ganas me han dado por visitar la Isla. La historia de Cuba es constante supervivencia con, y ante la sombra de Estados Unidos.

En plan multitarea, me encuentro leyendo cinco libros a la vez. Cambio de lectura acorde con mi estado de ánimo. Antes no abandonaba un libro hasta terminarlo. Lo que no puedo cambiar es leerlo de pe a pa. Leo desde el prólogo hasta la última página. Soy obsesivo.

Hoy es viernes trece.

Los números son arbitrarios... Hay personas que auguran un día especial. Yo no creo ni una cosa ni la otra. Todos los días son un regalo...



Viernes 3 de agosto 2018.


La semana entrante, comenzaremos a resolver ecuaciones de segundo grado. Faltan ocho días para terminar el curso. Devoré la Máquina del Tiempo de H.G. Wells. La ciencia ficción me fascina. Me atrevo a decir que son ventanas al futuro. El final (que no contaré) me dejó en un trance reflexivo. Todo fluye, nada permanece.

Lamentablemente falleció uno de mis profesores de licenciatura, el doctor Núñez. Fue tutor mío y de Gonzalo en el primer semestre de carrera. Tengo una anécdota sobre él:

Cuando entré a la Facultad el doctor Núñez impartía la clase de Historia de la Filosofía. En su cátedra imperaba el respeto y seriedad. No obstante fuera del aula el semblante del profesor cambiaba. Iba por el Campus con una gran sonrisa. Su camino se cruzó con el nuestro. Detuvo su paso para mirarnos fijamente (sobre todo a mí) y me dice:

—¡Oso!—lo dijo muy sonriente.

El doctor continuó su camino sin decir una palabra más.

Gonzalo y un servidor nos quedamos perplejos. 

En la facultad mis compañeros me decían "oso". Que un profesor me hubiera llamado así es digno de mención. Lo hizo fuera clase, en plan de amigos. Nunca olvidaré ese momento. 




martes, 26 de junio de 2018

Muchos libros y pocas nueces




                Desde niño siempre he tenido un libro en mis manos. La mayoría de los libros eran de superación personal. No revelaré al dueño. Era lo que había. También podías encontrar novelas baratas de amor y cuentos infantiles. Las novelas romanticonas fueron ignoradas por mí. Se veían muuuuy aburridas.

También recuerdo un libro sobre dinosaurios. Tenía unas ilustraciones demasiado realistas. Me infundían nostalgia por no estar ahí, en esos tiempos. Todavía no sabía que el ser humano era una especie prácticamente nueva y los dinosaurios habían dominado la Tierra hace millones de años. Hay muchas incógnitas sobre su extinción. Fueron señores de la Tierra por más de ciento sesenta millones de años y desaparecieron...

Empecé a leer La Maquina del Tiempo de H.G. Wells. Me tiene entusiasmado. Hay un párrafo en el cual el autor comparte la filosofía del tiempo agustiniana:

         -Y usted no puede moverse de ninguna manera en el Tiempo, no puede huir del momento presente.

         -Mi querido amigo, ahí es donde se equivoca usted. Ahí es justo en lo que el mundo entero se equivoca. Estamos escapando siempre del momento presente. Nuestras existencias mentales , que son inmateriales y que no tienen dimensiones, pasan a lo largo de la dimensión del Tiempo con una velocidad uniforme, desde la cuna hasta la tumba. De la misma manera que viajaríamos hacia abajo si empezásemos nuestra existencia cincuenta millas por encima de la superficie terrestre.

Para san Agustín el tiempo es distensión del alma. El ser humano puede recordar con alegría momentos tristes. El alma puede "viajar" en el tiempo.

Si tuviera una máquina del tiempo, viajaría a la época de los dinosaurios. Viviría en carne propia las ilustraciones de mi libro... También conocería a los grandes personajes de la Historia. No me atrevería a cambiar los acontecimientos o interferir directamente en la línea temporal. No quiero un efecto mariposa indeseado. Tampoco viajaría al futuro; me da miedo.

Por cierto ya vi la última película de Jurassic World. Siempre los dilemas éticos de la ciencia. ¿Si algo es factible científicamente, lo será moralmente? La ciencia se degrada a un simple hacer por hacer. Porque puedo...

Si quieren dilemas entre ciencia y ética, lean Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley.


viernes, 21 de abril de 2017

Inicié el reto de lectura: Un libro por mes



          Con el inicio de año, uno de mis propósitos fue el de leer por lo menos un libro al mes. Presumo mi lista actualizada hasta la fecha:

1. 1984.

2. La Silla del Águila.

3. Tomás de Aquino. Un pensamiento siempre actual y renovador. Francisco Canals Vidal.

4. Número Cero. Umberto Eco.

5. Dos compendios de The Walking Dead.

6. Superman Red Son.

7. Harry Potter y la Piedra Filosofal.

También estoy leyendo en mi dispositivo móvil (6.8 pulgadas), El Señor de los Anillos en la aplicación kindle de Amazon, la cual se sincroniza con todos mis gadgets. Actualmente me encuentro en los primeros capítulos de Las Dos Torres. Es la segunda vez que leo a Tolkien. Todo un clásico. Uso el phablet como lector electrónico en tiempos muertos o cuando no llevo ningún libro conmigo.

Como pueden darse cuenta, mis lecturas son variadas: desde comics, novela gráfica, hasta ensayos filosóficos bastante elaborados, haciendo escala en una que otra novela. Voy adelantado por tres meses. Podría detenerme y dedicarme por completo a ver series en computadora. Sin embargo mi objetivo es vivir a través de los libros. Frente a la pantalla sólo soy espectador, un sobreviviente más...  Un libro leído es parte de ti. Lo haces tuyo.

¿Qué aplicación tiene esto en mi vida? La respuesta es todas y ninguna. Al ser el conocimiento vida, las aplicaciones dependerán totalmente de cada persona. Leer transformará tu mente, de acuerdo a tus capacidades. No leer te hará inmune al cambio.


viernes, 17 de febrero de 2017

Perderse en la lectura.




     Recuerdo mis días de preparatoriano. Me quedaba solo en el salón, cuando ya todos se habían ido a disfrutar del recreo. Aprovechaba la soledad del recinto para leer. Así me refugiaba. ¿Exactamente de qué me refugiaba?


De muchas cosas: del ruido exterior, del chisme, de acosadores, en fin; pensaba (erróneamente) que la mayoría de las conversaciones eran banales. Tampoco a mis diecisiete años, podía tener ideas auténticas, sin algún contaminante mediático. A esa edad quieres devorarte el mundo. A tu manera...


En fin, me perdía leyendo. La Voz del Maestro de Gibrán Khalil. Lo leí de corrido, despacio, reflexionando; interpretaba sus ideas. Es un libro que no alcanza las cien páginas; pero lo llevaba a todas partes. Mi mamá lo compró usado. Sus hojas estaban amarillentas. La pasta blanda apenas lo protegía de mi avidez lectora. ¡Cómo influyó ese libro en mi vida! Ahora que lo pienso, también ayudó en gran medida por mi opción filosófica. Incluso antes de haber leído el Comentario al Credo de Santo Tomás de Aquino.


Perderse es una palabra vista con recelo. Quedaba absorto en aquel librito. Lo leí varias ocasiones. Vaya que lo exprimí. El mundo desaparecía, para dar cabida a una realidad más vasta. Gibrán traspasaba los límites temporales para comenzar un diálogo conmigo. Yo casi no decía nada; sólo escuchaba mentalmente al maestro.


El libro ya era parte de mí. En el diálogo mental, atemporal, con el autor, radica la esencia de leer. De esta forma, apropiándose del contenido, hacerlo propio, es como leer se vuelve una acción vital. Conocer.


Me parece increíble que existan personas apáticas con la lectura. Si tienen un horizonte infinito de posibilidades ante sus ojos.

viernes, 10 de febrero de 2017

Libros en acción.



           Llevo tres semanas llegando al trabajo con un libro en mano. Ahí no termina la cosa. En ratos en los que mi labor no es demandada al máximo, dedico a leer la novela en turno. En este caso es La silla del águila de Carlos Fuentes.


He destinado esos breves instantes a la lectura; en vez de perder mi tiempo mirando la inmortalidad del Facebook o Instagram, o bien, con una partida de algún juego móvil. Los beneficios son mayores. Ejerzo libertad del pensamiento. Dejo mi mente vagar por donde le plazca. No está constreñida al aquí y ahora de las redes sociales. El mundo virtual es un mar de opiniones. Todos tienen algo que decir y nada por hacer al respecto.


Sin quererlo, hice publicidad a mi lectura. Sólo dejé el libro sobre el escritorio, a la vista de todos. ¡Cómo llovieron los curiosos! Uno en particular llamó mi atención: Analizó el libro de pe a pa. Leyó la contraportada, abanicó sus hojas, contempló la ilustración... Parecía que el libro como tal, lo invitaba a leer. El poder de la literatura es atrayente. Como si una voz le dijera: léeme. Me atrevo a decir que presencié un reencuentro de varios años. ¿Cuándo habrá sido la última vez que tomó un libro en sus manos para nutrirse de sus páginas?


Espero no sea la última vez que lo haga.


La mejor forma de empezar el cambio, en todo aspecto, es leyendo. Abrir y elevar la mente a nuevas formas de pensamiento. Busquen un tema de su interés y lean. La lectura es un placer, no conviertan en tormento lo que no es.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Pequeños placeres.


         He tenido varias inquietudes. No es para menos. Llevo cuatro lecturas alternándose en mi mente y en mis gustos. Por la mañana leo un ensayo sobre santo Tomás de Aquino. Contrario a lo que se piensa comunmente; el Aquinate elaboró una filosofía propia, construida con categorías aristotélicas. En mis ratos de ocio (que son la mayoría), leo la cuarta entrega de la trilogía Millenium; la cual desgraciadamente no pudo terminarse por el autor original. Los primeros capítulos han satisfecho mi gusto por las conspiraciones y las personas genio. Lisbeth Salander entra en tan selecto grupo. Una heroína a su manera. 


Por la tarde, acompañado por una buena taza de café, hojeo una biografía sobre  la Emperatriz Carlota de México. Este libro en particular fue comprado por mi esposa en la reciente Feria Internacional del Libro en la ciudad de Monterrey.  Por menos de cincuenta pesos, los detalles biográficos de esta gran mujer llegan a mi acervo interior. Reservo un libro de Gabriel García Márquez para leer después, que conseguí por diez pesitos. Si hubiera tenido cien pesotes, sería el afortunado dueño de toda la obra de Gabo... ¿Quién dijo que la cultura no estaba al alcance de todos? Recuerdo una escena de la película Good Will Hunting, protagonizada por Matt Damon, donde, metido en su personaje le reclama a un presumido y fresa estudiante universitario, que pagó miles de dólares por una educación disponible en la Biblioteca Pública. Sólo falta querer saber. 


Curiosamente, los momentos de mayor reflexión ocurrieron dentro del autobús. Sentado junto a la ventanilla, rumiaba las ideas ofrecidas mediante un diálogo silencioso. Yo pregunto y el autor tiene que responder porque no le queda de otra. Las respuestas están ahí; si no, buscaré quién me las diga. En otro autor, con seguridad las encontraré.


No dispongo, como la mayoría de las personas, del gran privilegio de perder el tiempo. Siempre está en juego algo más que el conteo, abstracto de los instantes. Hasta en el camión debía estudiar. Extraño esa permisividad cognitiva, bien lograda en la Ciudad de México. Ahora que estoy en Monterrey; resulta más fácil y económico trasladarme en automóvil particular, que en el transporte público. Sorprenden las divergencias sociales en un mismo país. Ahora escucho podcasts cuando los trayectos largos se presentan. Es placer intelectual. No cuesta nada. Bueno, en realidad exige nuestro tiempo. Lo más valioso, porque implica Ser, dar-nos...


Por la noche, con léctor electrónico en mano, revivo las aventuras del Señor de los Anillos o río a carcajadas con las geniales ocurrencias del Quijote. Lo hago con intención de conseguir sueños fantásticos, donde yo sea el héroe. Me conformaría si participara en los relatos. Sí, el Quijote es una verdadera joya. Si supieran las carcajadas que produjo en mi ser... Pocas veces he reído tanto. De ambas obras, es la segunda lectura emprendida. Muchos detalles escapan con una sola lectura. Soy pésimo recordando nombres. De los apellidos, ni se diga.


Hay días en los que nada sucede. Por causas de fuerza mayor, me es difícil encontrar el sosiego necesario para continuar con mis escapes de lectura. Ese día para mí, es día perdido. A pesar de hacer otras cosas; como si nada hubiese hecho.


No concibo que en este país haya pocos lectores. No hay fórmula mágica para el cambio. Sin embargo, es el mejor comienzo. Por ejemplo: No sé cómo ande Nuevo León estadísticamente hablando en niveles de seguridad. Tendré que visitar el sitio del INEGI. Las televisoras, no obstante andan circulando noticias (incluso de años atrás) con imágenes de violencia; afirmando categóricamente y sin temor a equivocarse que los índices delictivos han aumentado con el cambio de  gobierno. Sea cierto o no, poco importa; puesto que no respaldan sus imágenes con datos macizos. Para una mente crítica, esas notas carecen de objetividad, esconden fines tendenciosos. Lamentablemente las noticias pueden ser fabricadas o maquilladas. 


Ante esta situación es imperativo fomentar el gusto por la lectura. Veinte minutos ya no son suficientes. Pero, como dije arriba: por algo se debe empezar. La lectura es alimento mental. Sacia nuestro cerebro con ideas. Con el tiempo las hacemos propias. Y esto se pone mejor: Añadimos el condimento de nuevas ideas. Las comparamos con otras. Nos hacemos partidarios del mejor argumento, sacudiendo las opiniones. Llenamos de contenido nuestra opinión sobre algún tema. Por último, no nos conformamos con cualquier cosa. Exigimos lo mejor de lo mejor. 


Todo esto ocurrirá con un simple, pero eficaz detonante: Leer.