viernes, 13 de enero de 2012
Medio pan y un libro.
Medio pan y un libro.
Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931:
"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
"Por eso no tengo nunca un libro. porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aqui honrado
y contento de inaugurar esta Biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
"No sólo de pan vive el hombre.
Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
"¡Libros! ¡Libros!
Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".
--Manuel Ramos Desde Mi iPad
viernes, 16 de diciembre de 2011
Navidad Franciscana
miércoles, 14 de diciembre de 2011
sábado, 10 de diciembre de 2011
Navidad en las Posadas.
Ignacio Manuel Altamirano, Navidad en las Montañas.
La Navidad es pretexto para un interminable desfile de tradiciones, con diversos matices. No faltan los políticos que proclamen un Estado laico en educación y legislación; en todo, excepto la Navidad. Cobran jugosos aguinaldos, viajan a lugares desconocidos para los simples mortales, en fin cuando de celebrar se trata, es válido hasta caer en contradicción. Ofrecen el pan del materialismo y del progreso (Cfr., Jesús de Nazareth de Benedicto XVI). Un verdadero circo es la política.
La Navidad se ha converido en un producto más de consumo. San Nicolás, obispo de la Iglesia católica, repartía regalos a los niños pobres de su comunidad, no sólo juguetes; también lo necesario para socorrerlos en sus necesidades. San Nicolás (el de nuestra iconografía) viste de verde y como obispo, eso sí, con una larga barba blanca, sin la panza característica de los bebedores de refrescos. La mirada de los niños se ha fijado en los regalos que recibirán; con los ojos vendados a todo gesto de caridad en la figura paradigmática de este santo.
Si preguntáramos a cualquier persona qué celebramos el 25 de diciembre; estoy tristemente seguro que dirían cualquier disparate relacionado con los regalos y el consumo. Porque es el reflejo de una humanidad en busca del sin sentido.
Las noticias nos abruman con violencia, corrupción y mentiras. El país adolece de Buenas Nuevas. Estamos en la tercera semana de Adviento, la semana de la alegría. La alegría de la llegada jamás podrá desplazarse, si está cimentada en los corazones. Debemos fincar nuestra alegría en lo permanente; la materialidad se devora a sí misma. Hay más razones para estar alegres. En la tempestad también será recibida una sonrisa.
El mundo guarda una esperanza, misteriosa y obscura, si se mira desde el interior. Si miramos desde fuera, veremos que el sentido de este mundo no está dentro. ¿Para qué? Si todo lo que vemos sometido está, caprichos del tiempo, un fluir esclavo de sí.
Esta celebración de cumpleaños (¡dos mil once primaveras y contando!) ha sido pretexto para comer y beber hasta la estupida embriaguez, cuando la catarsis estomacal aparezca. No tendrá nada poético ver personas con vientres mayores que un sileno en apogeo; alimentando el cuerpo en sobre abundancia, mientras el espiritu permanecerá desnutrido, privado de suculentos manjares. No sólo de pan vive el hombre...
Época de reflexión es el privilegio brindado para encontrarnos. ¿Por qué Ser y no bien, la Nada? ¿Puede el todo radicar en algo tan insignificante como lo es el hombre? Tales cuestiones pueden tener las más variadas y complejas respuestas. Sin embargo, hasta no experimentar en "carne propia" no gozaremos del misterio.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Cinco Minutos
sábado, 3 de diciembre de 2011
Luna de Miel
Para Vero.
Era el tercer día de nuestra luna de miel en la Ciudad de las Luces. Decidimos, después de alimentar nuestros espíritus con una obligada visita al Louvre, alimentar nuestros paladares (el mío menos gourmet que el de ella) en un buen restaurante céntrico.
La mala fama de los meseros franceses no se hizo esperar. Nos trató con cierta singularidad, por así decirlo. No es bueno criticar al prójimo, menos si es francés, vestigios de mi idiosincrasia, ustedes perdonarán. Vero me sugirió como entrada para los dos un suculento raclette; un platillo nuevo para mí. Me encantó. Como segundo tiempo pedimos un corte de carne, de cuyo nombre no quiero acordarme. No podía faltar una buena garrafa de vino, que tuvo que ser rellenada nuevamente por nuestro mesero. Mi "sed" parecía interminable. Pasamos un excelente rato, distante por cierto, de nuestras futuras disertaciones filosóficas.
Llegó el momento de pedir la cuenta. Dejamos la propina. El mesero nos esperaba en la entrada, que ahora se había convertido en nuestra salida. A punto de salir, el mesero nos mostraba una sonrisa añejada, pero real, sobretodo alegre. Nos dijo muchas cosas. Me imagino que habrán sido palabras alegres; aunque no lo hubiesen sido, sonaban melodiosas en tan ilustre idioma.
Nos dirigimos al hotel sorprendidos por el cambio de humor repentino en nuestro anfitrión de alquiler. Caímos plácidamente en los pesados brazos de Morfeo. Debo confesar la consulta del tópico con la almohada.
-¡Vero, le dimos propina de más!
-- Manuel Ramos Desde Mi iPhone
jueves, 6 de octubre de 2011
Acción.
Con la inserción de Cristo en la historia de la humanidad, donde Dios ha adquirido un rostro histórico, concreto, aquí y ahora, palpable. Dios se presenta a nosotros como persona, incluso con un nombre, para poder ser llamado. Ante este hecho, el hombre se descubre inmerso en un diálogo interpersonal.
La religión católica se vuelve un diálogo entre dos personas: una divina y la humana. Dios muestra su papel en la historia del hombre como Salvador en la persona de Cristo. La Historia nos muestra un vínculo destacable: el hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, conoce a Dios como ser personal; así mismo, en la medida en que descubre ese llamado, ese diálogo con su Creador, el hombre se descubre, él mismo, como persona. Este diálogo-llamado, implica de cierta forma relación. Pues el diálogo guarda una finalidad intrínseca; la búsqueda profunda de comunicar una palabra, un logos.
Aunque este logos podría comunicarse en primer lugar como cierto monólogo reflexivo, no adquiere relevancia hasta darse entre en un Yo y un tú… Santo Tomás afirma, apoyado en san Agustín, que existe una imagen y semejanza de la Trinidad divina en el hombre, reflejadas en sus facultades más elevadas. La misma palabra religión, etimológicamente significa volver a unir, en este caso al hombre con su Creador.
Cristo es el paradigma perfecto de persona, ya que al encarnarse, se vuelve asequible a los demás. Cristo es una persona que podemos situar en un aquí y ahora concretos, no sólo un mero Primer Motor, desconectado de los asuntos particulares, porque se vuelve existencia concreta, material en cierta forma. El tema del tiempo, en la historia humana muestra al hombre, a la persona humana como una realidad inacabada, un proyecto en términos heideggerianos. El hombre es un siendo, mediante la acción que le es propia. Un análisis completo de la acción personal, nos permite encontrar ciertas características como la irreductibilidad de la persona a meros aspectos materiales o espirituales, vistos de manera dualista, como si fueran contrarios. Sin embargo la persona no es propiamente su acción, tiene una substancia, una esencia. El acto más puro y vinculante de la persona es sin duda el amor, porque nos muestra siempre en relación interpersonal con los demás.
