sábado, 3 de diciembre de 2011

Luna de Miel



Para Vero.

Era el tercer día de nuestra luna de miel en la Ciudad de las Luces. Decidimos, después de alimentar nuestros espíritus con una obligada visita al Louvre, alimentar nuestros paladares (el mío menos gourmet que el de ella) en un buen restaurante céntrico.
La mala fama de los meseros franceses no se hizo esperar. Nos trató con cierta singularidad, por así decirlo. No es bueno criticar al prójimo, menos si es francés, vestigios de mi idiosincrasia, ustedes perdonarán. Vero me sugirió como entrada para los dos un suculento raclette; un platillo nuevo para mí. Me encantó. Como segundo tiempo pedimos un corte de carne, de cuyo nombre no quiero acordarme. No podía faltar una buena garrafa de vino, que tuvo que ser rellenada nuevamente por nuestro mesero. Mi "sed" parecía interminable. Pasamos un excelente rato, distante por cierto, de nuestras futuras disertaciones filosóficas.
Llegó el momento de pedir la cuenta. Dejamos la propina. El mesero nos esperaba en la entrada, que ahora se había convertido en nuestra salida. A punto de salir, el mesero nos mostraba una sonrisa añejada, pero real, sobretodo alegre. Nos dijo muchas cosas. Me imagino que habrán sido palabras alegres; aunque no lo hubiesen sido, sonaban melodiosas en tan ilustre idioma.
Nos dirigimos al hotel sorprendidos por el cambio de humor repentino en nuestro anfitrión de alquiler. Caímos plácidamente en los pesados brazos de Morfeo. Debo confesar la consulta del tópico con la almohada.
-¡Vero, le dimos propina de más!


-- Manuel Ramos Desde Mi iPhone

jueves, 6 de octubre de 2011

Acción.


Con la inserción de Cristo en la historia de la humanidad, donde Dios ha adquirido un rostro histórico, concreto, aquí y ahora, palpable. Dios se presenta a nosotros como persona, incluso con un nombre, para poder ser llamado. Ante este hecho, el hombre se descubre inmerso en un diálogo interpersonal.

La religión católica se vuelve un diálogo entre dos personas: una divina y la humana. Dios muestra su papel en la historia del hombre como Salvador en la persona de Cristo. La Historia nos muestra un vínculo destacable: el hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, conoce a Dios como ser personal; así mismo, en la medida en que descubre ese llamado, ese diálogo con su Creador, el hombre se descubre, él mismo, como persona. Este diálogo-llamado, implica de cierta forma relación. Pues el diálogo guarda una finalidad intrínseca; la búsqueda profunda de comunicar una palabra, un logos.

Aunque este logos podría comunicarse en primer lugar como cierto monólogo reflexivo, no adquiere relevancia hasta darse entre en un Yo y un tú… Santo Tomás afirma, apoyado en san Agustín, que existe una imagen y semejanza de la Trinidad divina en el hombre, reflejadas en sus facultades más elevadas. La misma palabra religión, etimológicamente significa volver a unir, en este caso al hombre con su Creador.

Cristo es el paradigma perfecto de persona, ya que al encarnarse, se vuelve asequible a los demás. Cristo es una persona que podemos situar en un aquí y ahora concretos, no sólo un mero Primer Motor, desconectado de los asuntos particulares, porque se vuelve existencia concreta, material en cierta forma. El tema del tiempo, en la historia humana muestra al hombre, a la persona humana como una realidad inacabada, un proyecto en términos heideggerianos. El hombre es un siendo, mediante la acción que le es propia. Un análisis completo de la acción personal, nos permite encontrar ciertas características como la irreductibilidad de la persona a meros aspectos materiales o espirituales, vistos de manera dualista, como si fueran contrarios. Sin embargo la persona no es propiamente su acción, tiene una substancia, una esencia. El acto más puro y vinculante de la persona es sin duda el amor, porque nos muestra siempre en relación interpersonal con los demás.

Sobre la felicidad

¿Por qué el hombre desea tanto la felicidad?

Es una tendencia natural que no requiere de mucha demostración, lo más interesante es que no siempre somos felices pero cuando llegamos a experimentar aquel sentimiento profundo sabemos que lo queremos siempre. La añoramos cuando no la tenemos, sufrimos cuando se ha ido y sonreímos cuando ha llegado. Ayer fui feliz un instante, pero ese sólo instante me ha servido para ser feliz durante toda la semana, me pregunto si ese pequeño instante será suficiente para combatir la inercia de la tristeza y el cansancio de la vida. La felicidad terrenal es la promesa en acto a nivel humano e imperfecto, de una felicidad eterna.

jueves, 19 de mayo de 2011

Secretos del estudio.


"Ya que me preguntas, carísimo hermano en Cristo, cómo debes estudiar para adquirir el tesoro de la ciencia, mi consejo es el siguiente:

No te lances de pronto al mar, sino acércate por los riachuelos, porque a lo difícil se ha de llegar por lo fácil. Te mando que seas tardo para hablar y para ir a distracciones; abraza la pureza de conciencia; date a la oración; procura permanecer en tu celda, si quieres entrar un día en el templo del saber; sé amable con todos; no te preocupes de lo que hacen los demás; no tengas demasiada familiaridad con nadie, pues la excesiva familiaridad engendra desprecio y roba tiempo al estudio; huye sobre todo de perder el tiempo; imita a los santos y a los buenos; guarda en la memoria todo lo bueno que oigas, sin reparar en quién lo dijo; trata de entender cuanto leas y oigas; cuando tengas alguna duda, aclárala; acumula cuantos conocimientos puedas en el arca de tu mente, como quien trata de llenar un vaso; no busques lo que sea superior a tus fuerzas.

Si sigues estos pasos producirás copiosas ramas y frutos en la viña del Señor.
Cúmplelo y alcanzarás lo que deseas".

Santo Tomás de Aquino.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El Proceso nuestro de cada día.

Analizar, hoy día, nuestra realidad política y jurídica a partir de la visión kafkiana es algo que parece complicado en un principio; pero si vemos esta realidad política a través de El Proceso, caemos en la cuenta de que el señor Kafka no es indiferente en lo más mínimo.

En esta obra vemos que el hombre promedio, el hombre marginado inclusive, el hombre que vive día a día de su trabajo, vive en dos realidades completamente distintas por así decirlo, en dos mundos ajenos entre sí. Un mundo es totalmente independiente del otro.

El mundo legal y político, por no decir el mundo totalmente “legalizado como politizado” depende vitalmente del mundo real que lo sostiene y alimenta hasta nutrirlo en cantidades increíbles. Este mundo ha adquirido más fuerza que el mundo real; no obstante este superdesarrollo es aparente. El mundo real, nuestra cotidianeidad de gente del pueblo, nuestro trabajo, nuestras manos junto con todo nuestro apestoso sudor es lo que realmente ordena al misterioso mundo de la “legalidad”.

Pese a que nosotros creamos ese mundo, para establecer un orden con base en la Justicia- concepto totalmente vacío en nuestros días- vemos que ese mundo nos ha dominado con temor causante del saber que algún día seremos llamados a juicio, ya sea en este mundo o en el Otro, y no saber si realmente somos culpables ante esos jueces. Así son nuestros jueces: Uno infalible; el otro creado por nuestros propios temores e inseguridades basadas en lo efímero. Cabe destacar un tercer juez, que en este mundo nadie se puede librar de él, ni aún después de muertos su juicio permanece en la tierra, sobre nuestras tumbas. Este tercer juez no es un dios; todo lo contrario, es un simple mortal como nosotros mismos. Este juez que siempre nos perseguirá aunque seamos blancamente inocentes, tiene un nombre. Su nombre es conocido por todos, se llama “la sociedad”. Digo que la sociedad es el peor juez de todos, pues Dios te juzga una sola vez y te deja en paz, los jueces civiles si llegan a convencerse de tu inocencia te dejan en paz; pero si la sociedad encuentra alguien digno para expandir el veneno de su juicio infundado, ya no suelta nunca a su presa, ya que es cicuta que deshace toda posible conexión con la realidad hasta sus más desgarradoras consecuencias. Mucha gente dirá que cuando muera se librará de esta enorme sombra; pero yo les respondo que la huella que pudieron haber dejado en la tierra será borrada por la sociedad, así como la espuma del mar es consumida por la inmensidad de las olas. Pero las olas no saben que lo mismo que han pretendido borrar con tanto afán es parte inmanente de sí mismas. Las olas han provocado lo mismo que pretenden borrar del recuerdo arenoso, que es este mundo. ¿Acaso no nos ve como enemigos terribles el mundo legal?

Cuando Josef K. Habla con el pintor, el pintor le dice que hay tres tipos de absolución: La absolución real, la aparente y el aplazamiento.[1]

La absolución aparente para mí es la que adquieres demostrando tu inocencia y adquieres tu libertad; pero la sociedad te deja marcado para siempre con el sello injusto de la culpabilidad. En esta obra la sociedad ve a K. como un culpable, aunque todos lo conozcan, todos lo han visto pasar por sus calles, por sus vecindarios; sin embargo, todo el mundo en el fondo de su ser y de su conciencia, piensan que Josef es culpable y no tiene salvación. K. nunca oye decir a nadie que él es inocente y su proceso es injusto. Las personas no se preguntan por su inocencia ni siquiera se preguntan por lo que habrá hecho; sólo han escuchado que es arrestado y por lo tanto es culpable. El crimen no importa, debe existir alguien que pague por nuestros temores y por nuestras angustias para poder tranquilizar nuestras conciencias comparándolas con la sucia y culpable conciencia de Josef, pues al ser expuesto al público como un procesado, todo el mundo psicológicamente descarga todas sus culpas en él, si no como a Cristo, al menos como una piñata en la cual soltamos nuestro anhelo fantasioso de un mundo más justo.

Mucho cuidado con poner nuestra confianza en un sistema legal que está fundamentado en nuestras propias inseguridades y temores, porque si no se basa en lo objetivo, la sociedad en la que vivimos pende de un delgado hilo...



[1] Ver KAFKA Franz, El Proceso, capítulo 7, pág. 182, 1ª. Edición, Ed. Tomo, 2002, México.

jueves, 24 de febrero de 2011

¿Qué dice el viento?

Alejandro estaba sentado en la parada del trolebús. El aroma de los granos de café, molidos en la cafetería, en la esquina de espumosos recuerdos, llenaba los pulmones citadinos con recargas amargas, deliciosas. El griterío estudiantil era la armonía de sentirse libre del pesado hedor temporal: ser estudiante aquí y ahora.
La brisa pronto se intensificó levemente. El semáforo marcaba el verde; no obstante la calle libre de automóviles manifestaba una tranquilidad única, irrpetible, rara en transitada avenida.
"Los árboles parecen comunicarse a través de la caricia del aire. No entiendo tan sútil lenguaje: debe ser amor. En medio del bullicio, el día a día no los altera. La naturaleza manifiesta alabanzas, cantos encendidos..."
-¿Qué miras tan fijamente?- le preguntó.
-Los árboles.

jueves, 10 de febrero de 2011

¿Amadón?

En estos vertiginosos tiempos, no basta que las madres de familia tengan el simple deseo de querer lo mejor para sus hijos, es necesario llevar a cabo acciones que no siempre parecen importantes pero que a la larga lo son.

No es posible que hoy, haya personas con hijos adolescentes, que no tengan ni la mínima noción de lo que es una red social, o de páginas importantes como Amazon, aún cuando sus hijos pasen varias horas al día frente a la computadora.

La educación de los hijos debe ser integral, y para lograrlo hace falta trabajo por parte de los padres, en cuanto a los medios de información, es necesario que estén al tanto de lo que ocurre en la red, no deben permitir que la brecha generacional sea pretexto para mantenerse alejados de algo tan importante como Internet.